Invernadero

Allí, en la antigua fábrica, aún oigo las risas.
Junto a la escalera de piedra
se apoyan las bicicletas contra la ventana
y las palabras nunca tuvieron menos sentido.

Allí, junto a la iglesia,
llorábamos descalzos.
Tú ibas con tu traje de domingo
y el sol del mediodía
encontraba en nosotros
un recinto sagrado
donde yacer sin alabeos.

Allí, junto a la granja, miramos de reojo el cementerio al pasar
y me asaltaron las dudas de si besarte
antes de mirar a un cielo lejano y sin estrellas.

¿Dejarán de ser tus manos unas ruinas olvidadas?

Espero que respondas a mis cartas durante el invierno.
Adoro sentirme ahogado por el silencio de perderte.
Echaré de menos estar sentado sin hacer nada,
mientras el tren se pierde a lo lejos
buscando la vieja vía romana.

 

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